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Problemas en la residencia
 

Una residencia es un lugar en el que conviven personas. Un lugar en el que los residentes viven y en el que reciben atención. Si la convivencia en una familia puede generar problemas, imaginemos lo que puede suceder en un entorno de convivencia mucho más grande y en el que no hay lazos afectivos personales entre todas las personas.

Así las cosas, es normal que surjan discrepancias o discusiones entre residentes; es normal que aparezcan desacuerdos sobre la forma de actuar de los empleados y de organizar el servicio y, por supuesto, es normal que nos encontremos ante discrepancias entre familiares que pueden afectar a la forma en que actúa la residencia.

Pero, si bien es inevitable que aparezcan conflictos, lo que sí puede impedirse es que éstos puedan degenerar y convertirse en algo irremediable. Para ello es necesario que todos actúen de forma positiva.

La mayor parte de problemas que aparecen en una residencia tienen como causa la falta de comunicación. Por eso, para empezar, hay que esforzarse porque la existencia del problema llegue a quien pueda resolverlo. Con esa misión, en muchas residencias existen buzones de sugerencias en los que depositar, quejas, observaciones e ideas. Esta vía, que permite el anonimato, puede servir para algunos casos, como podría ser el de un grupo de residentes a quien no les guste la comida que se está sirviendo o determinado horario del centro; aún así, siempre tendrá más efecto hablar directamente.

Para que el contacto funcione hay que poder hablar con el director/a de la residencia cosa que, a veces resulta problemático. Muchas residencias exponen en su tablón de anuncios el horario de atención del director y del responsable sanitario (en residencias colaboradoras de la Generalitat es obligatorio que exista este horario de atención). Pedir una entrevista mediante una nota puede transmitir la sensación de que lo que queremos hablar es serio por lo que no hay que descartar hacerlo.

Normalmente nos encontraremos que el director/a de la residencia es el primer interesado en que el problema se resuelva e incluso que nos agradezca el hecho de habérselo comunicado. Cuando, a pesar del intento, hablar no resuelve el problema, se puede acudir a mecanismos más complejos. Algunas residencias se han sometido voluntariamente a un sistema de arbitraje lo que permite acudir a un mediador que, de forma rápida y barata, plantee una solución al conflicto. Esto resulta muy práctico para diferencias económicas.

Como último recurso, cuando se considere que el problema puede suponer un incumplimiento de la normativa de servicios sociales, podría acudirse a la inspección de la Generalitat o la comunidad autónoma que corresponda. Para ello, todas las residencias están obligadas a disponer de hojas de reclamaciones normalizadas que nos tienen que entregar si las solicitamos. Si lo preferimos, podemos acudir directamente a la inspección. Hacer esto no supondrá necesariamente que las cosas cambien a nuestro gusto. Lo que hará la inspección es comprobar si la residencia cumple la normativa establecida y si no es así, propondrá que los propietarios sean sancionados.

Lo que no hay que olvidar en ningún momento es que en una residencia se vive voluntariamente. Especialmente, cuando se trata de residencias privadas, el residente y sus familiares deben plantearse algo muy seriamente: si no están contentos con la residencia siempre pueden optar por irse a otra. Eso sí puede suponer un serio aviso a los propietarios ya que hoy en día empieza a ser fácil encontrar residencias con plazas.

Lo mejor es confiar en los responsables de la residencia e intentar resolver los posibles problemas hablando, pero, cuando esto no funciona, la solución más adecuada será buscar un cambio de entorno que se ajuste más a nuestros gustos y necesidades.

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