16/07/2015

Desmontando estereotipos sobre la vejez: abuelos grafiteros en Lisboa

Abuelos grafiteros, cuando pintar paredes es más que arte.

 

Abuelos pintan grafitisLa iniciativa LATA 65, que ha surgido en Lisboa, intenta romper los círculos de soledad y aislamiento con ideas innovadoras que refuerzan la creatividad de la mejor manera: eliminando barreras entre las personas de la tercera edad y su entorno, un entorno en constante cambio, moderno, con un enfoque más creativo y menos rígido que el que las personas mayores acostumbran a vivir. Por eso, lanza esta campaña rompiendo las reglas, e incita a un grupo de «abuelas grafiteras» a pintar las calles de su ciudad.

Con el apoyo de diferentes artistas, las personas mayores aprenden en qué consiste el arte callejero y lo utilizan para expresarse. LATA 65 conecta el arte con diferentes generaciones y «lata» es también un juego de palabras: el bote de pintura y una expresión portuguesa que remite a alguien que no tiene vergüenza por hacer algo.

Wool Festival en Covilha

Los organizadores, vinculados al Wool Festival (Festival de Arte Urbano de Covilhã), quieren demostrar la edad no se tiene en cuenta cuando se trata de arte urbano, de solidaridad y de envejecimiento activo.

La promotora de esta iniciativa es la arquitecta lusa Lara Seixo Rodrigues (1979), promotora del Woolfest y colaboradora con el espacio de trabajo compartido Cowork Lisboa, de LX Factory, ha declarado: «Este proyecto muestra que la edad solo es un número y que se puede fomentar el envejecimiento activo y la solidaridad entre generaciones». 

El curso para aprender a pintar grafitis dura dos días con dos partes: una teórica, en la que los alumnos aprenden la teoría relacionada con el arte urbano, crean su tag o alias con el que van a firmar sus obras y preparan sus dibujos. La parte práctica se realiza directamente en la calle, se recortan moldes, se pinta, se usan botes de aerosol y, sobre todo, se lo pasan en grande.

«Es una sorpresa la gran participación de este público», comenta Lara, que antes intentó otro tipo de actividades para mayores pero sin tanto éxito: «Se trataba de hacer ganchillo, pero lo cierto es que no les apetecía hacer algo igual a lo que ya están habituados».

Pintar grafitis está enganchado a la tercera edad portuguesa. Lisboa, un referente en arte urbano a nivel europeo, ahora cuenta con la afición de sus ciudadanos más veteranos y a ella se están uniendo otras ciudades como e Coimbra o Castelo Branco. Es una manera distinta de ver y vivir la ciudad, son partícipes, artistas, modifican el entorno y comparten con otros artistas jóvenes.

Una gran experiencia que puede ser fácilmente trasladable, creando grupos creativos en centros culturales, centros de mayores o residencias de la tercera edad. El arte no tiene edad ni más impedimento que la imaginación.

Lo curioso de esta experiencia es que, en la medida en que rompe estereotipos sobre la vejez abre puertas a nuevas experiencias en las que se amplíe esa ruptura.  ¿Veremos dentro de un tiempo como en las residencias de tercera edad se imparten cursos o talleres de grafiti?

 

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