02/10/2011

EL 50% DE LOS MAYORES SUFREN ANOREXIA

Alrededor de tres millones novecientas mil personas en España padecen anorexia senil, tal como evidencia la Sociedad Española de Médicos de Residencias (Semer). Uno de sus más eminentes investigadores, Enrique Rey, especialista de aparato digestivo del Hospital Clínico San Marcos de Madrid, matiza que de las 7.840.000 personas que ya superan los 65 años en el país, más del 50 por ciento presenta esta enfermedad en mayor o menor medida. Una patología, aclara, "que no debe compararse o identificarse con la anorexia nerviosa, ya que tiene un origen diferente” en este caso una disminución del apetito, que en la mayoría de los casos "deriva de un conjunto de razones sociales, fisiológicas e incluso psicológicas”.

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Entre los aspectos fisiológicos se encuentran "la perdida del sentido del gusto y el olfato, lo cual disminuye la palatabilidad de las comidas, y una menor acomodación gástrica, que genera sensación de saciedad”.
En cuanto a las consecuencias sociales y personales destacan la disminución de la actividad física que reduce las necesidades calóricas; la falta de piezas dentarias o las dificultades masticatorias que modifican el tipo de alimentos que se pueden consumir con facilidad y cambian la dieta; la disminución de la actividad social en torno a la comida; transformaciones en la dieta obligadas por una enfermedad -como las comidas bajas en sal, bajas en grasas o antidiabéticas - por una necesidad -recurrir a dietas más sencillas y baratas por un menor poder adquisitivo, por ejemplo- o por falta de capacidad para prepararlas.
En tercer lugar ciertos factores psicológicos como la depresión, problema frecuente en ancianos, pueden incidir en este proceso, aunque más indirectamente.

Graves consecuencias
Las consecuencias de la anorexia senil pueden ser muy graves. "En primer lugar, el menor ingreso de nutrientes puede derivar en una desnutrición, más o menos acusada, pero en cualquier caso frecuente en el anciano” explica este experto. En segundo lugar "la menor ingesta ocasiona una falta de residuos que facilita el estreñimiento. Sin olvidarnos de que comer, individual o colectivamente, es una actividad placentera, por lo tanto la anorexia derivaría en una perdida de calidad vital” ingrediente fundamental del nuevo modelo
asistencial que promulga Semer en el que prima no sólo la asistencia sanitaria, sino también la social y por encima de todo, la elección del usuario. Así lo indica el presidente de este colectivo, Alberto López Rocha, que advierte que, sin embargo, tanto la anorexia senil, como la impactación fecal y otros importantes ámbitos que atañen a las personas mayores, "no se suelen tener en cuenta o atender como debieran, ni siquiera a nivel preventivo, la mejor herramienta para erradicarlos”. Y es que como asegura López Rocha, los tabúes y los prejuicios que rodean ambos casos impiden un mejor acercamiento y debate sobre la enfermedad. A ello habría que añadir "el modelo educativo de nuestros mayores, su culpabilidad al sentir determinadas necesidades” o también porque "la actual estructura de las residencias no lo permite” por lo que "es muy necesario no sólo cambiar la mentalidad en general, sino rehumanizar los centros donde viven los mayores” concluye.
De hecho, añade Rey, no se habla de anorexia senil "probablemente por desconocimiento y porque se suele atribuir la anorexia, personal o socialmente, al tipo de dieta que las circunstancias impone o a las limitaciones masticatorias”. En ese sentido, lamenta, "se entiende muchas veces como ‘algo normal’ en la que la circunstancia es que ‘con lo que puedo comer, casi se me quita el hambre’ se podría decir”. Ocurre lo mismo con el estreñimiento, "que se considera un problema ‘normal’ e inherente a la forma de vida y la persona, cuando no es así”. Ambas, anorexia y estreñimiento, asegura este especialistas, "se pueden convertir en problemas graves que hay que solventar y que atendidas previamente, en sus estados iniciales, son más sencillas de solucionar”.
Entre las posibles soluciones, Rocha recuerda que tratando los efectos derivados, como el estreñimiento y la desnutrición, se mitigaría la anorexia. Ambos se pueden combatir, gcon ciertas medidas generales básicas como una ingesta adecuada y proporcionada de fibra, en torno a los 20 o 25 gramos diarios, actividad física moderada regular -por ejemplo caminar una hora al día- beber al menos  1´5 litros de agua en cada jornada y "confiar en los especialistas médicos y farmacéuticos que recurren a productos sencillos, lejos del habitual laxante, que en la mayoría de los casos, lejos de solucionar el caso, lo agrava pues cronifica el problema debido al efecto ‘rebote’ que suele ocasionar”.