01/07/2011

LA SEMER ADVIERTE SOBRE DISCRIMINACIÓN DE MAYORES GAYS

 La Sociedad Española de Médicos de Residencias (semer) advierte sobre la problemática añadida que sufren los mayores por su orientación sexual. 

Según destaca el psicólogo y responsable psicosocial de la Fundación Aspaldiko Álvaro Mosquera, adscrito a la Sociedad Española de Médicos de Residencias (Semer) si la sexualidad de las personas mayores heterosexuales "no es aceptada por la sociedad y es algo tabú, peor situación es la de los mayores homosexuales” comenta, recordando que el ocho por ciento de la población española mayor de 65 años, es decir, 700.000 personas, se declaran lesbianas, gays, bisexuales o transexuales (LGBT). Un colectivo que en 50 años alcanzará los dos millones y medio de personas y que sin embargo suele sufrir más problemas por su orientación sexual que las parejas heterosexuales, ya que -apunta Mosquera-  "son objeto de mayor rechazo social, falta de protección sociofamiliar y carencia de amparo jurídico cuando se produce la muerte de un miembro de la pareja, sin derecho a pensión de viudedad y sin ningún reconocimiento para quien se queda solo”. En el caso de las lesbianas, añade, su realidad psicológica y social "es aún más desconocida, con apenas estudios realizados y con una situación que no se diferencia mucho de la de los varones ancianos homosexuales”.

Tras seis años de divulgación e investigación sobre la sexualidad en las personas mayores, Semer está elaborando un documento de medidas de actuación dirigido a la población en general y a los profesionales y familiares de usuarios de residencias para afrontar correctamente la manifestación sexual en la vejez. El texto cuenta con un amplio consenso de los profesionales que participaron por ejemplo en la Primera Jornada sobre sexualidad en el anciano que se realiza en España que dicha entidad celebró en Valencia y en la que se abordó la sexualidad de las personas mayores y su orientación sexual.

En ese sentido, como matiza el presidente de dicha entidad, Alberto López Rocha, "el rechazo y la presión que afecta a las personas mayores homosexuales coincide en gran parte con los de las heterosexuales de su misma edad”. Un fenómeno que, asegura, no se trata ni en privado ni en público y cuando se hace es desde fuera del propio interesado y de forma despectiva para acusarlo de pervertido, viejo verde, inmoral o vieja desesperada. Por lo que ante los ancianos en general aboga por actitudes más permisivas respecto al sexo, con información periódica del derecho a la intimidad y a las relaciones afectivas libres y naturales, redirigiendo las conductas desinhibidas públicas a lugares privados, facilitando la comunicación en los momentos idóneos de la práctica profesional, posibilitando espacios, como habitaciones individuales y camas adecuadas, pues, recuerda, "los ancianos son personas con las mismas necesidades, deseos y preocupaciones que los demás” en los que "la afectividad y la sexualidad no decaen con la edad”. De hecho, señala, "no existe ningún estudio en el mundo que lo demuestre, pero sí lo contrario, que suele convertirse en un pilar fundamental de su calidad de vida, sobre todo en las residencias”, concretando que a estas edades, "la sexualidad se asocia a la afectividad, a las caricias, los besos, los detalles, el toqueteo y la emoción” con la ventaja de "su mayor afectividad, sensibilidad, experiencia, valoración de las cosas desde otro punto de vista” y puesto que los mayores "no han de preocuparse de embarazos o de cumplir”. Sin embargo "sus deseos, que siguen siendo posibles física y mentalmente, se coartan” prosigue "por el modelo educativo de los mayores, sentimientos de culpabilidad, una malentendida religiosidad o la imposición del modelo sexual juvenil, basado únicamente en el coito”. Además, concluye López Rocha, "la actual estructura de las residencias no lo permite” por lo que "es muy necesario no sólo cambiar la mentalidad en general, sino rehumanizar los centros donde viven los mayores”. Es necesario, indica, "elaborar  una respuesta profesional ante situaciones sexuales de forma que no sea no humillante para el usuario al que tampoco hay que sedar sus conductas sexuales”. 

Precisamente ante la falta de centros geriátricos para homosexuales ya existen en España villas exclusivas y viviendas tuteladas para jubilados gays, como una forma de evitar la marginación a la que son sometidos en otros lugares. La primera institución de este tipo en Europa abrió sus puertas en Berlín en 2008 con el objetivo de "evitar que los mayores sean discriminados por su orientación sexual” según la asociación de homosexuales y lesbianas Village, responsable del proyecto.