27/08/2012

SACAN A MAYORES DE LAS RESIDENCIAS POR LA CRISIS

¿Mejor en casa o en la residencia? Es una pregunta que se hace mucha gente y que, a menudo plantea discusiones y polémica.  La respuesta, aunque pareciese lo contrario, es sencilla.  La mejor opción es quedarse en casa en un 95% de los casos y vivir en una residencia el 5%.  Eso si contamos a las personas de más de 65 años.

Una residencia ofrece servicios profesionales de atención continuada que difícilmente se pueden prestar en casa.  Esos servicios no son requeridos por la mayoría de personas mayores, pero existe ese 5% que, debido a que sufren algún tipo de demencia, u otras formas de gran dependencia necesitan de esa atención las 24 horas al día. Por supuesto que un ser querido puede sacrificarse y cuidar en casa, pero quien ha convivido y cuidado a un familiar con una gran dependencia sabe que a veces el bienestar de uno tiene como precio la salud del otro.Atención en una residencia

Como las residencias requieren de un espacio adecuado y de un equipo de profesionales extenso (contando todo el personal que trabaja durante el año en la residencia resulta que hay una persona en plantilla por cada dos residentes), el servicio es costoso.  Según el informe anual de precios de residencias en España de www.inforesidencias.com, una residencia cuesta de media unos 1.800€ al mes (+IVA) con grandes variaciones entre unas comunidades y otras.  Por eso, además de por la natural tendencia a intentar cuidar en casa, las personas mayores y sus familiares se lo piensan mucho antes de decidir el ingreso en una residencia.

Normalmente se piensa que el ingreso es una solución definitiva y se confía el cuidado al equipo.  Por ese motivo, las estancias temporales durante el verano o para hacer una convalescencia temporal después de un ingreso hospitalario no son tan comunes como los ingresos indefinidos.

En Extremadura está sucediendo algo que cambia esa tendencia.  Leemos en el ABC que "Las residencias de mayores no solamente han dejado de recibir usuarios debido a la crisis sino que cada vez más familias, especialmente las que tienen a todos sus miembros en paro, optan por sacar a sus familiares de estos centros, cuidarlos ellos mismos y vivir de la pensión que perciben".

Si el regreso al domicilio viniese acompañado de una adaptación del hogar y la prestación de servicios de Atención Domiciliaria y centros de día, se trataría únicamente de un cambio en la forma de recibir la atención.  No van por ahí las cosas.

Vale la pena leer el artículo en el que se expone como las exigencias que las normativas establecen para las residencias son cada vez más elevadas y estrictas mientras algunos residentes, que verdaderamente precisan del servicio que en esos establecimientos se ofrece, vuelven a unos domicilios a ser cuidados por familiares, no porque sea esta la opción que han tomado en beneficio del mayor, sino movidos por la necesidad.

La ley de Dependencia fracasó en su intento de ofrecer servicios profesionales a los grandes dependientes ya que permitió que algo excepcional como la prestación para el cuidador informal se convirtiese en norma.  Esta nueva derivada del problema no hace más que poner de manifiesto que los mayores dependientes son silenciosos sufridores de la situación de crisis económica y de la ineptitiud de quiénes elaboraron y aplicaron la Ley.