El ejercicio físico es clave para sentirse joven en la tercera edad

06/08/2018

Nunca es tarde para empezar a hacer ejercicio físico. Si no lo hemos hecho antes, la jubilación es un buen momento para empezar. Se tiene más tiempo, sirve para relacionarse y mejora de manera notable el bienestar. 

El ejercicio físico moderado es una fuente de salud. En el corto plazo, reduce el riesgo de problemas cardiovasculares y en el largo reduce la tensión, el colesterol, regula el azúcar en la sangre y, en consecuencia, la cantidad de fármacos que toman las personas mayores. 

Está además demostrado que se reduce el riego de desarrollar cáncer de mama, próstata o colon. Además, el ejercicio aumenta la oxigenación y mantiene activas las neuronas, clave para la prevención del alzhéimer y otras enfermedades neurodegenerativas.

Ejercicio físico en la ancianidadA partir de los 65 años lo más aconsejable es hacer ejercicio moderado y adaptado a nuestras capacidades: marcha, gimnasia, ciclismo y natación son buenas opciones al alcance de todos. Para que sea efectivo y que se vean sus beneficios hay varias claves, empezar de manera gradual, no descuidar la revisión médica, ser constantes y metódicos y, sobre todo, pasárselo bien. ya no estamos aquí para romper récords, sino para divertirnos.  

Otros hábitos importantes son deber agua de manera frecuente, llevar una alimentación saludable, no fumar y reducir el consumo de alcohol. También puede aprovecharse la jubilación para conocer gente, formarse, acudir a actos culturales, etc. La forma física y la buena salud mental suelen ir de la mano. 

Las fechas de agosto son adecuadas para que las personas mayores, o bien con la familia y amigos o bien en la residencia para la tercera edad, adquieran hábitos saludables que luego se mantengan durante el año. Debemos aprovechar que apetecen comidas ligeras para seguir luego con la misma dieta mediterránea en otoño e invierno; en las horas de menos calor, cuando apetece salir al fresco de la noche o a primera hora de la mañana, dar un paseo o hacer ejercicio dirigido, que cuando llegue el frío se podrá seguir haciendo, aunque sea a otras horas o en otro entorno; aficionarse a las múltiples actividades culturales que se ofrecen en fechas estivales y crear un hábito para ocupar el tiempo al acabar el verano buscando nuevas. 

Las vacaciones estivales son una oportunidad para coger hábitos saludables que nos mantengan en forma física y mental muchos años.