14/11/2011

LAS RESIDENCIAS SACAN SOBRESALIENTE EN CALIDAD ALIMENTARIA

La Fundación Edad&Vida es consciente de que sin una buena calidad nutricional y alimentaria no puede existir calidad de vida en las personas mayores. Por ello es necesario establecer y desarrollar las bases o principios fundamentales que garanticen una nutrición y una alimentación adaptada a sus necesidades.

Los estudios realizados sobre este tema hasta ahora son pocos y la información disponible sobre prácticas e iniciativas para el fomento de hábitos saludables de alimentación y nutrición en las personas mayores es escasa, y con frecuencia se limita a recomendaciones generales cuyo grado de implantación e impacto está poco evaluado.

Por ello la Fundación ha realizado el estudio sobre las Prácticas de alimentación y nutrición de las personas mayores institucionalizadas, que ha presentado hoy y que muestra las prácticas que se están llevando a cabo en la actualidad y el impacto de las mismas en el colectivo de las personas mayores institucionalizadas. El acto ha sido inaugurado por la Sra. Dª. Purificación Causapié, Directora General del IMSERSO (Instituto de Mayores y Servicios Sociales) del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad y clausurado por el Ilmo. Sr. D. Antonio Alemany, Director General de Atención Primaria del Servicio Madrileño de Salud de la Comunidad de Madrid.

El estado nutricional es uno de los factores de riesgo de discapacidad más importante y potencialmente modificable. Una nutrición adecuada es esencial para un envejecimiento saludable y, por el contrario, un estado nutricional inadecuado predispone a la fragilidad.

Ante el progresivo envejecimiento de la población y la creciente institucionalización de las personas mayores, especialmente aquellas de mayor edad o que presentan alguna limitación o discapacidad, es necesario considerar que tanto las prácticas y hábitos de alimentación como la valoración del estado nutricional son dos aspectos fundamentales a tener en cuenta en los centros residenciales.

En la primera parte del estudio se analizan las múltiples causas y efectos de la desnutrición en las personas mayores, mostrando que es primordial tener en cuenta una visión integral de la persona mayor, considerando todos los factores que influyen en su alimentación y nutrición.  La segunda parte del estudio presenta un análisis exhaustivo de las prácticas de alimentación y nutrición en centros residenciales para personas mayores. Para ello, se ha contado con la participación de 46 centros con una capacidad total de 4.500 residentes, distribuidos en 12 CCAA. Destaca que en el 93,5% de los centros se lleva a cabo una valoración nutricional al ingreso de la persona mayor, y que en un 97,9% de las residencias se identifican sus intolerancias, aversiones y hábitos alimentarios. Más del 97% disponen de personal competente, la mayoría de ellos médicos o dietistas. Están generalizadas las prácticas para la identificación de problemas que dificulten la ingesta, la adaptación a las necesidades dietéticas del comensal, la planificación de menús nutricionalmente equilibrados y variados y el seguimiento de la satisfacción de los residentes. También se establecen procedimientos y protocolos de actuación, y se constata que muchos de los centros toman como referencia guías y recomendaciones.

De todo ello se desprende que la calidad de la alimentación y nutrición en las residencias analizadas está cuidada y controlada, y se recomienda la adopción de protocolos estandarizados para el manejo nutricional de los residentes según grado de dependencia y patologías subyacentes.

Todo esto favorece, como se demuestra en la tercera parte del estudio, para la que se ha contado con una muestra de 1.475 residentes en 46 centros de 12 CCAA, que los mayores institucionalizados presenten, en general, un buen estado nutricional. Aún así, existen casos de desnutrición o riesgo de desarrollarla, debido al perfil de la persona residente en este tipo de centros: más de un 80% son de edad avanzada (mayores de 75 años), con una elevada incidencia de deterioro cognitivo (75,7%) y un alto grado de dependencia (37%).  En estos casos se hace más evidente la necesidad de tomar medidas para facilitar el acceso de los residentes al suministro de soportes nutricionales adecuados, que frecuentemente se ve dificultado por complicados trámites administrativos y burocráticos.

Por todo ello la Fundación Edad&Vida recomienda que la Administración Pública tenga estos factores en cuenta y que elabore y garantice el cumplimiento de normativas para la correcta nutrición de las personas institucionalizadas.

Tras la presentación y la exposición de las recomendaciones, ha tenido lugar una mesa redonda en la que se han abordado diferentes aspectos de la nutrición de las personas mayores y en la que han participado el Dr. Fernando Gómez-Busto, Médico geriatra del Centro Integral de Atención a Mayores San Prudencio del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, el Dr. Juan Luis Guijarro García, Médico geriatra de la Universidad de Navarra y el Dr. Federico Cuesta Triana, Especialista en Geriatría del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

 

Recomendaciones de la Fundación Edad&Vida:

  • La presencia de desnutrición es inevitable en un cierto número de personas, como consecuencia de la avanzada edad, polimedicación, deterioro cognitivo y patologías concomitantes. Es primordial tener en cuenta una visión integral de la persona mayor, considerando todos los factores que influyen en su nutrición y alimentación.

 

  • Cada grado y nivel de dependencia, así como las patologías asociadas, deben contemplarse en la planificación nutricional de los residentes. Así, se puede afirmar que una buena praxis implica el correcto y personalizado manejo nutricional de los residentes.

 

  • La situación descrita y las necesidades de atención de las personas mayores institucionalizadas que se infieren de este estudio ponen de relieve el componente marcadamente sanitario de la atención a este colectivo en los centros residenciales. Asimismo, es necesario considerar la alimentación de las personas mayores institucionalizadas no sólo desde un punto de vista hostelero sino también desde una perspectiva sanitaria. En coherencia con lo que viene defendiendo la Fundación Edad&Vida, cabría plantear el establecimiento de un módulo sanitario en la financiación de la atención a las personas mayores en situación de dependencia.

 

  • Es necesario generalizar la utilización de protocolos y de herramientas diagnósticas para una atención adecuada y adaptada a cada persona. Esto sólo se podrá conseguir con profesionales formados, motivados e implicados en el servicio de alimentación, y con sistemas de coordinación establecidos.

 

  • Son necesarias medidas que faciliten el suministro del soporte nutricional oral o por sonda, que es una de las pr