20/05/2011

SEXUALIDAD EN EL MAYOR: ELABORADO DOCUMENTO DE REFERENCIA

El pasado 14 de mayo tuvo lugar en Valencia la primera Jornada sobre Sexualidad en la persona anciana que se celebra en España, organizada por la Sociedad Española de Médicos de Residencias (Semer) con el propósito de fijar dicha temática en la opinión pública así como elaborar un documento de medidas de actuación dirigido a la población en general y a los profesionales y familiares de usuarios de residencias. El texto cuenta con un amplio consenso de los expertos y especialistas que participaron en el encuentro, así como de diferentes asociaciones científicas, específicas, profesionales y públicas, pues en el seminario no sólo se abordó la sexualidad de las personas mayores, sino también su inclinación u orientación sexual e incluso la sexualidad en la demencia. Un tema tabú que Semer lleva abordando desde hace más de seis años "con el rigor y el respeto que se merece y de una forma seria, profesional, con libertad y naturalidad” comenta el presidente de Semer, Alberto López Rocha que matiza que "la sexualidad en el anciano no es un tema que se suela tratar ni en privado ni en público y cuando se hace es desde fuera del propio interesado, no por el propio usuario, para acusarlo de pervertido, viejo verde, inmoral, vieja desesperada...” por lo que no hay que olvidar, continúa, que "los ancianos que tratamos siguen siendo personas con las mismas necesidades, deseos y 

preocupaciones que los demás” en los que "la afectividad y la sexualidad no decae con la edad”. Todo lo contrario, añade, "no existe ningún estudio en España ni en el resto del mundo que demuestre que la capacidad sexual decaiga con la edad, sino que suele convertirse en uno de los pilares básicos de su vida y de su calidad vital en las residencias”, matizando que a estas edades, "la sexualidad se asocia a la afectividad, a las caricias, los besos, los detalles, el toqueteo y la emoción, no a la sobrevalorada penetración y coito”. Así el sexo en los mayores "se puede incluso potenciar debido a su mayor afectividad, sensibilidad, experiencia, valoración de las cosas desde un punto de vista más humano y por las ventajas que tienen los mayores que no han de preocuparse de embarazos o de cumplir”. Sin embargo "a pesar de que sus deseos son una realidad y son posibles de desarrollar, se coartan por completo” prosigue el responsable de este colectivo, "por el modelo educativo de nuestros mayores, su culpabilidad al experimentar deseo u emoción, una malentendida religiosidad, la imposición del modelo sexual juvenil y basado únicamente en el coito” o también porque "la actual estructura de las residencias no lo permite” por lo que "es muy necesario no sólo cambiar la mentalidad en general, sino rehumanizar los centros donde viven los mayores” concluye. En ese sentido, el psicogerontólogo y profesor de la Universidad de Salamanca, Javier Casado indica que "las residencias tienen que abrirse a la sociedad con otras normas y otras formas de convivir asegurando la intimidad de los residentes, su dignidad, habitaciones donde se pique la puerta al entrar y donde pueda vivir en pareja, masturbarse sin interrupciones o dormir en pareja”. Ello pasa también por "eliminar los tabúes y los prejuicios que identifican a los mayores con enfermos, cambiando la mentalidad de los propios usuarios, de sus familiares y de los profesionales que los atienden” con el objetivo de convertir la afectividad y la sexualidad de las personas mayores "en lo que es, algo absolutamente natural y necesario”.

 

Conclusiones preliminares

Debido al éxito de participación, propuestas y solicitudes de información de usuarios, familiares y profesionales de residencias, Semer y los expertos que participaron en este encuentro decidieron elaborar un documento de conclusiones a modo de manual de referencia, por ejemplo "para la multitud de profesionales que nos demandan consejo o protocolos de actuación cuando se encuentran con una persona residente que demuestra un sentimiento sexual, ante lo cual ni ellos ni familiares saben qué hacer, cómo reaccionar” explica el psicólogo y gerontólogo Álvaro Mosquera, responsable psicosocial de la Fundación Aspaldiko, que advierte que estas actitudes "se suelen prohibir o coartar, generando más problemas físicos y mentales para la persona que los que en principio podría producir la situación que, hay que mentalizarse, es algo natural” porque como señala, "lo del desgaste sexual es un mito, si la actividad es importante en la juventud, se continua en la madurez y la vejez, no hay actividad de ahorro”. Es necesario repetirlo, comenta, "el sexo no se ahorra, se ejercita o desaparece”. En ese sentido Mosquera destaca que "el interés sexual persiste en un 72 por ciento en los hombres y en un 65 por ciento en las mujeres durante la sexta década de la vida” pero como señala, "la actividad sexual se encuentra restringida a un 42 por ciento en los hombres y a un 36 por ciento en las mujeres” unas cifras que podrían ser "mayores si lográramos dominar dichos prejuicios y comentarios sociales”. Mosquera dejó claro que "la afectividad y deseo de amar y ser amado, que incluye el sexo, es la tercera necesidad del ser humano tras la alimentación y la seguridad, y negarlo es negar una necesidad importante de gran parte de la población mundial” pues recuerda que "actualmente la quinta parte de la población mundial tiene más de 60 años” un colectivo en el que en el que siguen influyendo varios tabúes y mitos como "la imposición del modelo juvenil” o que "las mujeres guardan su capacidad de tener orgasmos incluso en edades avanzadas, más allá de los setenta años, que en la vejez no hay deseo ni sexo, que es un asunto que no les importa a los ancianos, que el hombre no tiene erección, que la mujer no siente nada, que sólo sirve el coito”.

"Los problemas son mayores cuando el sentimiento de afecto o sexualidad se produce en personas con demencia” señala el psiquiatra y docente de la Universidad de Santiago, Raimundo Mateos que explica que "cuando el demenciado vive en una residencia se producen las situaciones más incómodas e incluso dilemas éticos para profesionales y familiares” pues el comportamiento del demenciado va desde conductas indecorosas como desnudarse en público hasta a aproximaciones sexuales a los profesionales que cuidan al paciente o a otros residentes, pasando por una actividad sexual que resulta complicada con la propia pareja sexual cuando ésta aún está presente”. Sin embargo la sexualidad es una dimensión normal de la vida de una persona de edad avanzada, por eso cierta actividad sexual "es posible y puede ser satisfactoria durante  la demencia, al menos en las primeras fases”. Este último aspecto "es mucho menos conocido y despierta recelos, temores, y tropieza con muchos prejuicios y falta de formación, no solo en el público lego, sino también entre los profesionales que atienden a personas con demencia”.

Conclusiones preliminares