05/01/2005

SITUACIÓN Y EVOLUCIÓN DEL APOYO INFORMAL EN ESPAÑA

INFORME DEL IMSERSO SOBRE EL APOYO INFORMAL

El IMSERSO ha hecho público el informe descriptivo del interesante estudio sobre la situación y evolución del apoyo informal a los mayores en España. Entre los objetivos de este trabajo de investigación ha estado establecer el perfil sociodemográfico del cuidador, conocer las características de las personas mayores cuidadas, las características del apoyo, perspectivas y expectativas de las personas involucradas. Todo ello comparando con los resultados de un estudio paralelo en el año 1994. Del estudio se pueden extraer interesantes conclusiones entre ellas una muy peliaguda para el sector residencial: El mayor cada vez desea menos ingresar en una residencia, pero al mismo tiempo se incrementa el porcentaje de personas que asume que tendrá que hacerlo.

El estudio, como muy bien indica su título analiza la situación del apoyo informal de España en Abril del 2004, tomando de referencia el mismo estudio realizado diez años antes, en 1994. Las variables analizadas son muchísimas, aunque la mayoría de las mismas se centran en los dos perfiles personales que configuran el eje central del cuidado informal: el cuidador informal y la persona mayor cuidada.
Para empezar el estudio realiza un fotografía del perfil del cuidador informal: es mujer, tiene una edad media cercana a los 53 años, está casada en 3 de cada cuatro casos, menos de la mitad tienen estudios primarios, en su mayoría no trabajan y si lo hacen sus ingresos no constituyen el ingreso principal para el hogar. Llama la atención observar como manifiestan que su estado de salud ha empeorado comparativamente con lo que expusieron en el año 1994. Un porcentaje del 44'9% padece enfermedades crónicas entre las que destacan lo problemas de huesos, depresión, angustias, hipertensión y corazón.

Por otra parte el perfil de la persona mayor cuidada se caracteriza por ser en un 69% mujer, de edad media 79,8 años, seis de cada diez son viudas (disminuyendo el porcentaje de personas casadas) y una sexta parte de las mismas no llega a tener un nivel de estudios primarios. Se incrementa el porcentaje de personas que no vive sola, sino con un miembro de su familia de una generación anterior ( en uno de cada tres casos). Un 79,1% de las personas atendidas padecen alguna enfermedad, de hecho la media de enfermedades es de 3,2 por persona. Por orden citaremos a los problemas de huesos, dolencias cardiacas hipertensión y diabetes.

Respecto al tipo de ayuda prestada, se ve una clara nueva orientación hacia un apoyo integral que comprende todas las áreas: tareas domésticas, actividades cotidianas y cuidados personales, llevando a cabo mayoritariamente más de ocho actividades de forma habitual. El cuidador centra la ayuda en una sola persona en un 84,6% de los casos y en un altísimo porcentaje lo hace de manera permanente. El cuidador informal destina 10,6 horas de media al cuidado de la persona dependiente, prolongando el periodo de cuidados a una media de 5,5 años. Ahora bien, disminuye el grado de exclusividad de la ayuda puesto que toman fuerza las vías alternativas de apoyo, como son las empleadas de hogar o la propia ayuda institucional. Respecto a ésta última el grado de satisfacción con la formación de la persona y el trato recibido es elevado, sin embargo el número de horas se considera insuficiente.
No deja de ser significativo el observar cómo cada vez son más los cuidadores informales que consideran necesaria la formación y la información para desarrollar su apoyo, destacando el 32,6% de las personas que consideran imprescindible la preparación.

Las razones que incitan al cuidador informal a prestar el cuidado al mayor son en su mayoría afectivas y vinculadas a lazos de sangre, por ello un 62,3% de los casos lo hace por iniciativa propia seguido de por decisión familiar. Más de la mitad de los cuidadores son hijos de la propia persona cuidada, y en casi 2 de cada tres casos residen bajo el mismo techo. Un dato curioso es que disminuye notablemente la proporción de nueras y yernos que cuidan a sus suegros con respecto a la anterior muestra.

Llama la atención también el observar como sólo un tercio de los cuidadores informales se siente molesto por el comportamiento de la persona atendida. Dentro de los comportamientos más habituales que generan desagrado están por orden de importancia las quejas sobre la situación personal del mayor, la repetición de historias, la reticencia a la higiene y la incontinencia.

La tarea del cuidador informal repercute en su vida personal puesto que le supone por este orden: reducir su tiempo de ocio, no poder ir de vacaciones y disminuir su tiempo de descanso. Tan sólo un 24'3% de las personas encuestadas declara no haber tenido consecuencias en su estado de salud a causa de cuidar a una persona mayor. Además la problemática pareja al cuidado informal se comparte con los otros miembros de la familia en un alto porcentaje de los casos.

En la última parte del estudio se analiza, bajo la perspectiva de las partes involucradas cuales son las medidas públicas más valoradas para respaldar al cuidador y dar soporte en la asistencia al mayor. Así, un 39,1% de las personas estiman como opción más valorada y prioritaria el desarrollo de la atención a domicilio, seguida del apoyo económico al cuidador mediante un salario mensual. Sin embargo, medidas como la creación de plazas residenciales o la potenciación de estancias temporales en centros asistenciales sólo es valorado como una solución prioritaria en un 3,9% de las ocasiones.

Respecto a las preferencias del mayor, se confirma que en el caso de no tener familia la persona prefiere recibir ayuda de un profesional a ir a una residencia, y en cualquier caso su deseo es residir permanentemente en su propia casa. Es curioso observar como este porcentaje de opinión se ha consolidado con respecto a la investigación de 1994. Los mayores quieren moverse menos, incluso para ir a vivir con los hijos.
Paradójicamente estos anhelos contrastan con los temores reales de las personas cuidadas, puesto que éstas consideran cada vez con mayor grado de probabilidad que acabarán desplazándose a una residencia. Ahora bien, si ha de ser así el mayor huye de los grandes centros y en más de la mitad de los casos prefiere un centro de los calificados como residencias pequeñas.