Covid19. No permitamos que mueran los octogenarios sólo por su edad

Joan Riudavets Moll, murió a los 114 años en 2004 siendo el español que más años ha vivido del que se tiene conocimiento.

Para llegar a esa edad, con casi toda seguridad, este longevo menorquín contaba con un genoma extraordinariamente resistente al que acompañó una vida de ejercicio moderado, relaciones sociales, comida frugal y, también, un sistema sanitario efectivo.

Tres veces, en 23 años, le cambiaron la minibatería del marcapasos que le colocaron con 91. Agotó todos los plazos técnicos previstos y las suposiciones médicas. Además, a los 106 años fue operado de cataratas lo que le permitió llegar a su final con una calidad de vida bastante aceptable.

En medio de la crisis del coronavirus me ha vuelto a la cabeza la historia del señor Riudavets, que suelo utilizar en clases y conferencias para tratar del peligro de utilizar “barreras de edad” a la hora de decidir a quién se le aplica o no un tratamiento, ya que esas decisiones se están tomando hoy en muchos hospitales españoles.

Criterios de actuación ante el Covid19

Según el documento “Recomendaciones éticas para la toma de decisiones en la situación excepcional de crisis por pandemia covid-19 en las unidades de cuidados intensivos” ante una posible situación de aumento de la demanda de dispositivos de medicina intensiva, que sobrepase la oferta, se tornará imprescindible un triaje de los pacientes, o sea, que habrá que decidir a quién se le aplican esos dispositivos y a quien no.

El documento da criterios para clasificar a los pacientes y establece 21 recomendaciones entre la que ninguna supone una exclusión general por razón de edad.  Sí existe una recomendación específica para mayores de 80 años:

Todo paciente mayor de 80 años y con comorbilidades recibirá preferentemente mascarilla de oxígeno de alta concentración, oxigenoterapia de alto flujo o ventilación mecánica no invasiva (en estos dos últimos procedimientos se considerará la relación riesgo/beneficio por la producción de aerosoles en habitaciones compartidas y la disponibilidad de vigilancia en planta de hospitalización convencional) y se seleccionará, cuidadosa e individualmente, la indicación ventilación mecánica invasiva según indicación y evaluando riesgo/beneficios.

 El documento tiene mucha relevancia en un momento como el actual en el que las Unidades de Cuidados Intensivos están saturadas y el acceso a los respiradores, indispensables para el tratamiento de casos graves, se convierte en un verdadero ejercicio de administración de la escasez.

Hace unos días leí que en Italia no se ingresaban en la UCI a mayores de 80 años, cosa que en muchos casos suponía una pena de muerte.

He intentado saber si algo así pudiera estar ocurriendo en España y, aunque los criterios contenidos en el documento no lo dicen expresamente, sí contienen frases como “Ante dos pacientes similares, se debe priorizar a la persona con más años de vida ajustados a la calidad (AVAC) o QALY (Quality-Adjusted Life Year). Son un indicador combinado del estado de la salud que aúna cantidad y calidad de vida. Priorizar la mayor esperanza de vida con calidad. En personas mayores se debe tener en cuenta la supervivencia libre de discapacidad por encima de la supervivencia aislada”.

Soy totalmente consciente de lo grave de la situación y de que en los hospitales se ven obligados a tomar decisiones que hubieran sido impensable hace sólo cuatro o cinco semanas, aún así, creo que hay que poner de manifiesto y remarcar que la vida de quienes tienen más de ochenta años vale lo mismo que la de quien tiene cualquier otra edad.  Estemos en la situación que estemos, la edad por sí misma no debe ser un criterio que excluya de plano a nadie del tratamiento.

Si Joan Riudavets hubiera vivido hoy a sus 80 años, no habría muerto hasta 2054.

Si ponemos una “edad barrera” para acceder al tratamiento sin otras consideraciones podemos estar matando a muchos Joans Riudavets de hoy que podrían de otra forma salvarse y podemos estar malgastando recursos públicos especialmente escasos en la actualidad.

Muchas personas mayores viven en residencias, allí hay profesionales que siguen trabajando sacrificándose, cubriendo las bajas de compañeras y compañeros enfermos y viendo como las personas a las que están cuidando corren un riesgo extremo, no sólo de verse contagiados sino de quedar excluidos de cualquier tratamiento únicamente a causa de su edad.

Tengo confianza en los profesionales de la medicina, enfermería y otras especialidades sanitarias, pero creo que en estos momentos alguien debe recordar que ni siquiera la excepcionalidad puede apartarnos de uno de los principios que sirven de base a nuestra sociedad y sistema de valores: los seres humanos somos valiosos por el hecho de serlo.

Autor: Josep de Martí

 

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