Amor en la residencia

Cuando el amor surge en la residencia de la tercera edad

Planteamos una pequeña reflexión a raíz de una noticia aparecida en un periódico boliviano que explica como una pareja de residentes se enfrenta con las normas de la residencia en la que viven para poder casarse.

Amor en la residencia geriátrica

Se enfrentan a la norma de la residencia geriátrica que no quiere que puedan casarse

Las reglas del Hogar Quevedo, que es administrado por el Servicio Departamental de Gestión Social (Sedeges), dependiente de la Gobernación de La Paz (Bolivia) establecen que los adultos mayores no pueden formar parejas dentro del hogar “porque dan mal ejemplo a sus compañeros”. O sea que no se permite el amor en la residencia.

Parecería una broma o una noticia sacada del “baúl de los recuerdos” si no fuese porque es algo totalmente verídico que está sucediendo en el siglo XXI.

La historia nos hace pensar que las relaciones humanas surgen en cualquier sitio. Lo único que se precisa es que dos personas se interesen entre ellas.

El contexto de una residencia de mayores propicia las relaciones: se comparte espacio y horario de comidas, actividades, salas, espacios de convivencia y sobre todo, tiempo para comentar los sucesos e incidencias de la casa en la que se vive, para expresar ideas, evocar recuerdos o hablar de la familia.

La manera en que lo explica el periódico Página Siete tiene su gracia:

Entre los fríos pasillos de ese asilo, sus huéspedes con cabello plateado y  los bastones en mano tejen  historias. “Qué guapa se ve hoy”,  piropea un caballero sesentón a una dama de su edad y añade: “No lo tome a mal,  sólo fue un cumplido”. La señora, que al parecer no escuchó, inquiere;  “No lo oí, ¿qué me dijo?”.  “La saludé nomás”, responde él para salir del apuro.

Los adultos mayores que comparten vida en residencias tienen oportunidades de comentar su día a día con quienes viven lo mismo, tienen de referentes a los mismos compañeros o profesionales, comparten experiencias del día a día, en las salas de ejercicio, cuando se ve una película… Es lógico pensar que de la convivencia surja la amistad y, en determinadas circunstancias ésta se transforme en amor, o que, simplemente, la ocasión junte a personas que congenian y éste surja sin más.

Las residencias de mayores son, con sus peculiaridades, una pequeña sociedad donde se reproducen los esquemas que suceden fuera de ella. Ciertamente, cuando se llega a cierta edad y se vive en un sitio donde, se quiera o no, existen ciertas normas, puede surgir el conflicto. Por una parte, está el funcionamiento general, las normas de conducta que cada centro establezca, y por otra, que las personas que allí viven son adultos, responsables de sus actos y que tienen sus derechos y necesidades en cuanto a las relaciones.

Puede parecer pintoresco que un residente octogenario se enamore de una compañera (o viceversa) de residencia, y sea correspondido, pero para los protagonistas no lo es. Es importante, les devuelve la ilusión, se notan especiales para alguien que no es su familia y se sienten llenos de vida.

Aunque algunas parejas ingresan juntas en los geriátricos, la mayoría llegan solas y, en un alto porcentaje, después de haber enviudado. Encontrar un nuevo amor cuando ese tren se creía perdido, se vive como otra oportunidad de felicidad.

Ahora bien, si fuera de las residencias de la tercera edad el establecimiento de una nueva pareja, cuando la edad indica que para la sociedad deberías estar dando de comer a las palomas en el parque, puede crear dificultades tanto a nivel familiar, económico (al casarse las prestaciones por viudedad dejan de percibirse, por ejemplo), social… En algunas residencias se suman que pueden no estar preparadas para asumir estas situaciones que, por otra parte, forman parte de la vida.  La solución es que se preparen ya que lo de la residencia en Bolivia sería imperdonable.

Resulta muy difícil imaginar que en España hoy una residencia pudiera poner dificultades serias para que una pareja de residentes se casase.  En cambio no lo resulta tanto imaginar que fuesen los hijos y nietos los que pusiesen problemas.

Hay incluso residencias que organizan fiestas de San Valentín y en las actividades en general propician las relaciones y compartir experiencias. ¡Cómo no van a surgir historias de amor!

A esta edad, los expertos dicen que lo que se pierde en vigor y pasión se gana en experiencia, que es un amor más sereno, quizá menos expresivo, pero no menos intenso en cuanto a la felicidad que pueda generar en quien lo siente. Para que sea plena, tanto el entorno familiar como la organización residencial, deben ver en estas historias oportunidades para las personas.

Todos sabemos que tener cerca de la persona que queremos y que nos quiere, es bueno para el ánimo y la salud. No se trata de ver a las residencias como agencias de contactos, ni que desde las gerencias se organicen concursos de parejas, se trata de que, cuando surja una amistad intensa, sea una forma más de relación, como en el resto de la sociedad.

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