¿Cuándo ha llegado el momento de decidirse por ingresar en una residencia si la persona mayor sufre alzheimer?

Aunque sólo una parte relativamente pequeña de personas que sufren Alzheimer u otro tipo de demencias necesitarán ingresar en una residencia geriátrica, es ésta una posibilidad que hay que contemplar y considerar con tiempo.

Las personas cuidadoras de enfermos de alzhéimer o de otras demencias tienen a su cargo personas con evoluciones complicadas y poco previsibles de la enfermedad.

El deterioro tiene fases más lentas y en ocasiones la pérdida de facultades o los trastornos de conducta se producen de forma sorpresiva y acelerada. Son enfermos a los a medida que avanza la enfermedad es más es difícil tratar el domicilio, pues su nivel de dependencia es siempre mayor. Los cuidadores se sienten incapaces de soportar la carga de la atención sin sufrir de estrés y la enfermedad ellos mismos. Ante las dificultades, el cuidador, el entorno y el médico pueden pensar que la persona estará mejor atendida en una residencia geriátrica.

Muchas veces la decisión, a pesar del desgaste físico y emocional que supone el cuidado, supone un desgarro emocional. No es sencillo decidir sobre la vida de nuestro padre o madre con demencia. Sin embargo, a pesar de lo doloroso que pueda ser o de tener la sensación de que se le abandona, muchas veces no hay otra alternativa, pues precisan  un tipo de cuidados cada vez más específicos las 24 horas del día. Hay algunos signos reveladores de que los cuidadores deben plantearse que su familiar precisa una cuidado especializado en casa no se puede dar.

Cuando la persona vaga sin motivo y de manera intempestiva aumentando el riesgo de caídas o que se pierda, cuando el comportamiento es muy alterado y perturba de forma grave la rutina familiar, cuando se producen agresiones…

En estos momentos debe el cuidador ser honesto y preguntarse si la casa es un entorno seguro para la persona mayor y, lo contrario, si la persona con alzhéimer supone un riesgo para sí misma. También es importante si el cuidado excede las capacidades tanto físicas como psicológicas de la persona que está a cargo. Es estrés del cuidador es también una señal de que se debe buscar una solución residencial.

Para tener la seguridad de que las personas estarán bien atendidas, antes de decidirse por una residencia u otra es importante visitarlas, confirmar que cuentan con todos los permisos, que sus instalaciones están preparadas para la especificidad de esta enfermedad, hablar con el personal… en definitiva, cuanta más información más seguridad en la decisión que se tome y que sus instalaciones están perfectamente preparadas para atender a este tipo de enfermos.

Cuando se considera ingresar en una residencia

Si se trata de una residencia de tecera edad especializada, pública o privada, dispondrá los servicios necesarios y adecuados, en entornos seguros, con personal cualificado y medios suficientes. A su ingreso la persona con alzhéimer recibirá un plan de atención personalizado, que irá modificándose con el tiempo y del que el cuidador principal estará permanentemente informado.

Es importante la consideración de que el ingreso en una residencia geriátrica especializada no supone un abandono. El cuidador principal sigue siendo el principal responsable del bienestar de la persona enferma, debe controlar que recibe un trato adecuado, que está cómodo en su entorno y, mientras se pueda, acompañarle, darle afecto y hacerle saber que no está solo.

En ocasiones, el paso intermedio por el centro de día, donde la persona con alzhéimer pasa unas horas y vuelve a su domicilio, es un buen entrenamiento para el futuro tanto de ella como de la persona cuidadora, que también puede aliviar la carga física y emocional durante unas horas.

Decidir sobre la vida de otras personas no es fácil. Pero hay circunstancias en las que la planificación y contar con ayuda especializada pueden ayudar y aliviar sentimientos de culpa. También la propia conciencia en la persona que cuida y su entorno de que se llega a situaciones donde la carga y el estrés lleva a sentimientos negativos hacia la persona enferma y a deterioro en la salud del propio cuidador.

Cuando la mejor decisión es ingresar en una residencia especializada a un ser querido, se debe procurar pensar que le van a ofrecer la calidad de vida que en el domicilio ya no puede proporcionarse y que se sigue siendo responsable. La supervisión y las visitas periódicas son fundamentales para afrontar con garantías y el menor coste emocional posible estas enfermedades tan devastadoras para la persona afectada y su entorno.

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