El Magosto. Un relato sobre la vida en residencias

117Continuamos recibiendo en Inforesidencias.com relatos e historias cortas sobre la vida en residencias de mayores. ¬†En este caso, nos ha llegado uno de C√°ndida Cueto (nombre ficticio) sobre la vida oto√Īal en residencias de mayores. ¬†Se titula: ¬†El Magosto.

 El Magosto

Los d√≠as grises de noviembre, cuando ya la lluvia era una constante irremediable y el fr√≠o se hab√≠a instalado, parec√≠a que una melancol√≠a especial se extend√≠a por los pasillos de la residencia para mayores, que ocupaba la √ļltima edificaci√≥n de una calle que daba directamente a un extenso campo de labor que, en oto√Īo, fund√≠a los colores marrones con la niebla que apenas se levantaba un rato a mediod√≠a, cuando un sol t√≠mido luchaba por aparecer, sin mucho √©xito, entre girones persistentes de nubes.

El personal del centro siempre se volv√≠a aprensivo cuando el acortamiento de los d√≠as hac√≠a encender la luces antes, pues sab√≠an que los residentes soltaban las din√°micas del verano, ya no se pod√≠a disfrutar de la ¬ęfresca¬Ľ, ni del huerto, ni de las meriendas en el jard√≠n.

Cierto era que se reactivaban actividades que consideraban estimulantes: fisioterapia, talleres, gimnasia, yoga… nada que sustituyera a las visitas veraniegas de los nietos que vivían en la ciudad o las salidas a las fiestas de los pueblos de los alrededores.

Era innegable, las ausencias se notaban con m√°s intensidad, el paso del tiempo pesaba un poco y, si alg√ļn residente fallec√≠a, la tristeza pasaba de habitaci√≥n en habitaci√≥n como una fr√≠a culebra que estremec√≠a.

Ese jueves de mediados de mes amaneci√≥ fr√≠a en su cama Teresa. Hab√≠a tenido una larga y hermosa vida. Las circunstancias la llevaron a vivir en la peque√Īa residencia de lo que antes se llamaba ciudad de provincias, donde su manera optimista y alegre de enfrentar achaques y penas se gano el respeto y afecto de todos. Sin familia cercana que la pudiera visitar, cuando lleg√≥, hac√≠a ya quince a√Īos, sus compa√Īeros y los trabajadores se convirtieron en sus parientes. Juntos disfrutaron y rieron. Su p√©rdida era devastadora.

Por la tarde, la directora convoc√≥ a todos, personal y residentes en la sala com√ļn donde se reun√≠an para jugar a las cartas, ver la televisi√≥n, charlar o lo que se terciara. Nadie falt√≥ al homenaje de Teresa. Las caras de tristeza y las l√°grimas reflejaban lo mucho que la quer√≠an.

‚ÄĒQueridos amigos ‚ÄĒempez√≥ a decir la directora‚ÄĒ, sab√©is que nos ha dejado nuestra Teresa. Hace unos cinco a√Īos, Teresa y yo tuvimos una larga charla sobre la vida y la muerte. Me regal√≥ una lecci√≥n de vida que nunca olvidar√©, que ha guiado mi trabajo y que me ha ayudado personalmente a afrontar las dificultades que, como ha todos, se me han ido presentado. ‚ÄĒMir√≥ a su p√ļblico, que apretaba pa√Īuelos, se restregaba las l√°grimas o directamente, sollozaba‚ÄĒ. Hace una semana no se encontraba bien, present√≠a el final y volvimos a tener una conversaci√≥n profunda y maravillosa. Tambi√©n me dio un sobre y me dijo que era un regalo que quer√≠a hacer a su familia cuando ella no estuviera, y que su familia somos nosotros. Esta es la carta que escribi√≥ para todos.

La directora comenzó a leer llena de emoción:

¬ęQueridos amigos:¬†

He tenido una vida rica y feliz. Jugu√© cuando era ni√Īa, bail√© cuando fui joven, trabaj√© y me gan√© la vida, perd√≠ un amor, encontr√© otro, luego se fue‚Ķ En fin, nada extraordinario con respecto a otras personas, aunque para m√≠ s√≠ lo es, pues es lo que me sucedi√≥.¬†

He tenido la suerte de en mis √ļltimos a√Īos encontrar una familia en esta casa donde vivimos todos. He conocido a personas extraordinarias con las que he compartido experiencias y de las que he aprendido mucho.¬†¬†

¡Como nos hemos reído! Las visitas al museo, el teatro, las labores, las clases de gimnasia que se me daban fatal, las veces que me echaban de la cocina para que no zascandileara, la alegría de los tomates de principios de septiembre y las cestas que acarreábamos de dos en dos.  

Nadie quedar√° aqu√≠, todos nos iremos. Aunque eso cause la inevitable tristeza, no quiero que el d√≠a de mi marcha sea de luto. S√© que me voy a ir pronto y quiero que mis amigos, mi familia, celebren la suerte de los a√Īos compartidos, la suerte de vivir, la suerte de la alegr√≠a que da hacer cosas.¬†

Por eso quiero que esta carta sea leída y que se cumpla mi voluntad.  

He dejado a la directora, Laura, querida amiga, una peque√Īa cantidad de dinero e instrucciones.¬†

Nac√≠ en una peque√Īa aldea del norte de la provincia de Le√≥n. All√≠, como en otros mucho sitos, noviembre se celebra con una magosto, en otras partes se llama casta√Īada.¬†

Quiero que se celebre un magosto a mi salud, donde solo se cuenten momentos felices, donde se me recuerde riendo y que acabe con la alegría que merece la vida. 

Laura tiene las instrucciones.  

Os quiere, Teresa¬Ľ.¬†

La directora acab√≥ la lectura e hizo una se√Īa para que todos la siguieran. En un peque√Īo porche que hab√≠a detr√°s de la cocina, descubrieron una hoguera, en ella hab√≠a un cilindro agujereado donde se asaban un mont√≥n de casta√Īas que extend√≠an un olor embriagante y evocador. Para quien pudiera tomar, tambi√©n hab√≠a vino nuevo y chorizos cocidos. La sillas rodeaban la hoguera.

Los residentes se fueron situando, haciendo un hueco a quien iba en silla de ruedas, recolocando a quienes necesitaban ayuda… Se repartieron mantas que cubrían los hombros.

Enseguida el olor de las casta√Īas y el peque√Īo trago de vino empezaron a hacer efecto. Las lenguas se soltaron y t√≠midas risas aparecieron al recordar an√©cdotas: una compa√Īera cont√≥ una vez que se perdieron, un enfermero cuando Teresa dec√≠a que ten√≠a musara√Īas en la cabeza en vez de migra√Īas‚Ķ

La velada superó la hora habitual de recogerse. Nadie quería renunciar a las risas, conversaciones atropelladas y aspavientos. Todos celebraban el maravilloso regalo que les había hecho Teresa.

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