El envejecimiento y los retos de las soluciones residenciales

Nuestro entorno en la Europa occidental es cada vez más una sociedad de personas mayores. La pirámide de población se ensancha en las franjas de edad a partir de los 65 años, y no hay un aumento de la natalidad ni la inmigración cubre el necesario relevo generacional. Sin embargo, se sigue con políticas que no han solucionado los problemas de una sociedad envejecida y no se abordan soluciones que requieren reformas y cambios no solo estructurales, sino también de mentalidad.

Y sobre todo, se sigue pensando que el dinero que se emplea en el bienestar de las personas mayores es un gasto, en vez de verlo como una inversión en calidad de vida, en oportunidades y en nichos de trabajo que demandan cada vez más personas y con mayor calificación. Esto se manifiesta de manera clara cuando se abordan las soluciones residenciales para personas mayores que o bien desean vivir en una residencia o vivienda comunitaria por el motivo que sea, o bien se ven obligadas a ello por razones de dependencia.

La realidad es que estamos abocados a vivir más años y, en consecuencia, a que aumente el número de personas con necesidades específicas de atención y los retos de las soluciones residenciales no son ajenos a ello. Vivir más años con una calidad de vida aceptable y suficiente para realizar las actividades diarias y  tomar decisiones es un reto para todos, sobre todo debería serlo para las administraciones que deben repartir gestionar los recursos que se presumen escasos en la medida en que aumentan más el número de personas mayores y sus necesidades que el dinero que se recauda y destina para ellas.

Aunque el tema del que más se habla sea el de las pensiones, también es un partida muy cuantiosa los recursos sociosanitarios que se deben invertir para garantizar una atención de calidad y personalizada a esta franja de la población en aumento, mientras que disminuye la población infantil y la de jóvenes en edad de cotizar. Por eso, deben pensarse soluciones que en otros países con problemas de envejecimiento análogos al nuestro ya se están aplicando.

los retos de las soluciones residencialesEn España los mayores de 65 años son 9 millones y el Instituto Nacional de Estadística (INE) estima que para el año 2050, las personas mayores de 65 años estarán por encima del 30% de la población (casi 13millones), de ellos, los octogenarios llegarán a ser más de 4millones. Eso implica un panorama en el que muchas personas mayores dependientes precisarán de cuidado especializados que solo puede ser proporcionados en residencias geriátricas.Según el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), las plazas que se ofertan son 400000. Para consultar datos sobre la evolución de los centros geriátricos es España, es muy interesante el estudio publicado en Envejecimiento en Red, plataforma web colaborativa entorno al envejecimiento y las personas mayores que surge a partir de la colaboración entre laFundación General CSICy elInstituto de Economía, Geografía yDemografía(IEGD).

Analizando como decíamos la explicación acerca de los retos de las soluciones residenciales vemos algunos factores a tener en cuenta. Las personas que ingresan en una residencia presentan un perfil medio de 80 años o más, en su mayoría (más de un 60%) mujeres y con dependencia o pluri patologías que les imposibilitan vivir solos o con ayuda a domicilio. La media de estancia en la residencia es de dos años. El coste medio de la estancia es de unos 2000 euros mensuales. Si la plaza es pública o concertada, la persona abona una parte dependiendo de su situación económica y su pensión de jubilación, y el resto lo aporta la administración a través de la Ley de Dependencia. El coste, como es natural, también varía en función del grado de dependencia de la persona, cuanto más dependiente, más atención requerirá y, por tanto, más costosa resulta la plaza.

Estamos viviendo grandes cambios demográficos y también de mentalidad. No solo se vive más, también se incorporan a la tercera edad generaciones que no se identifican con la visión del anciano de hace tan solo unas décadas, que han vivido ya con las nuevas tecnologías y que tienen aspiraciones vitales muy distintas a las de sus padres. Esto obliga a replantearse el modelo de atención y es una de las bases para afrontar estos retos de las soluciones residenciales del futuro y adaptarse a las demandas.

retos de las soluciones residencialesEn general, se tiende a estar en el domicilio el mayor tiempo posible con servicios de atención domiciliaria, por eso, en muchos casos, cuando la persona ingresa en una residencia ya llega con la salud muy deteriorada y porque no hay alternativa. Entre muchas personas mayores que pueden valerse por sí mismas pero que por diversas circunstancias, no es posible que residan en su propia casa o que permanezcan con algún pariente o amigo o, por cuestiones de decisión personal, se están extendiendo de manera paulatina modelos de viviendas compartidas que sustituyen el concepto clásico de residencia por un complejo de apartamentos con servicios comunitarios en los que se tienen algunas de las prestaciones de una residencia como atención médica o lavandería y, a la vez, la intimidad de vivir en un domicilio individual.

Las residencias de mayores también se alejan cada vez más del modelo asistencial sin más y ofrecen actividades y programas de envejecimiento activo, servicios como fisioterapia, podología o peluquería y se intentan acercar a modelos en los que la persona pueda tomar decisiones sobre su vida cotidiana.

Como vemos, en la decisión en algunos casos y en la obligación en otros de vivir en una residencia o en otra solución alternativa intervienen muchos factores, y no solo el económico, que siendo fundamental, también se ve condicionado por las aspiraciones, deseos y la salud de cada persona. Si nos abocamos sin remedio a una sociedad envejecida, debemos poner por delante el bienestar y la calidad de vida y procura que las personas puedan vivir una tercera edad con los apoyos necesarios y, en la medida de lo posible, según sus aspiraciones. Esto va a exigir un esfuerzo de planificación y, por supuesto un esfuerzo presupuestario, pero debe ser una aspiración irrenunciable para cualquier sociedad avanzada proporcionar a sus mayores la calidad de vida a la que tienen derecho.

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