Móviles pensados para personas mayores

Cada vez quedan más atrás aquellos tiempos en los que se decía que existían móviles pensados para personas mayores. Y aunque es cierto que este tipo de dispositivos todavía existen y seguirán haciéndolo durante algún tiempo, la realidad está cambiando a gran velocidad.

La forma en la que las personas mayores se relacionan con la tecnología ya no es la misma. Hace 10 o 15 años, quienes recomendaban “móviles para mayores” lo hacían pensando en personas que apenas habían tenido contacto con la telefonía móvil. Sin embargo, dentro de otros 10 o 15 años, las personas que vivan en residencias habrán utilizado teléfonos móviles durante, como mínimo, los últimos 20 años de su vida. Esto lo cambia todo.

Por eso, aunque todavía encontramos teléfonos muy básicos, pensados específicamente para personas mayores y con funciones simples y muy concretas, estamos en un momento perfecto para empezar a hablar de otro tipo de dispositivos: móviles generalistas, de marcas conocidas, que son perfectamente válidos para cualquier persona, pero que resultan especialmente adecuados para personas mayores.

Y aquí es importante aclarar algo fundamental: no se trata de “móviles para personas mayores”. Son móviles para todo el mundo, pero con características que los hacen más cómodos y prácticos para este perfil de usuario.

En este sentido, hay una serie de factores que un teléfono móvil debe cumplir para ser realmente adecuado para una persona mayor. A diferencia de los móviles pensados para un público joven (donde muchas veces se prioriza la cámara o un alto rendimiento), en este caso lo más importante es la experiencia de uso diaria.

Uno de los puntos más relevantes es la pantalla. Es esencial que sea grande y visible. Lo recomendable es que el teléfono tenga al menos entre 6,6 y 6,7 pulgadas. Este tamaño permite que los textos, iconos y elementos de la interfaz se vean con claridad y sin forzar la vista.

Otro aspecto clave es la batería. Un móvil destinado a una persona mayor debería contar, como mínimo, con 5.000 mAh (miliamperios). Esto garantiza un día completo de uso sin preocupaciones. De hecho, hoy en día muchos móviles Android ya incorporan baterías de silicio y carbono, lo que permite capacidades que parten de los 5.500 mAh y llegan incluso a los 6.000 mAh o más. En estos casos, con un uso moderado, es fácil alcanzar dos días (o incluso dos días y medio) sin necesidad de cargar el dispositivo.

Hablando de carga, también es importante que sea relativamente rápida. Lo mínimo recomendable hoy en día son unos 33 vatios. Aunque la mayoría de móviles ya cuenta con cargas de 50, 67 o incluso 80 vatios, que permiten una carga razonablemente rápida y cómoda para el día a día.

Eso sí, hay un detalle curioso que conviene tener en cuenta: cuanto mayor es la batería, más tiempo tardará en cargarse, aunque la potencia de carga sea la misma. Es una cuestión física. No es lo mismo cargar una batería de 5.000 mAh a 33 W que una de 6.500 mAh a la misma potencia. La segunda, lógicamente, tardará más, simplemente porque físicamente es más grande.

Un último matiz (y no por ello menos importante) es el procesador. De poco sirve que un teléfono reciba actualizaciones durante 4, 5 o incluso 7 años si su procesador no es mínimamente potente. Con el paso del tiempo, un procesador justo hará que el teléfono empiece a ir más lento, que tarde en abrir aplicaciones o que le cueste realizar  algunas acciones sencillas. Por este motivo, es recomendable elegir un teléfono con un procesador que no tenga más de tres años de antigüedad y que, a poder ser, pertenezca a gamas contrastadas como los Snapdragon o los MediaTek de gama media-alta. Puede parecer un detalle menor, pero es clave para que el dispositivo envejezca bien y siga siendo fluido durante varios años.

Tampoco podemos olvidar el sistema operativo y los años de actualizaciones. Hoy en día, la mayoría de marcas ofrecen al menos cuatro años de actualizaciones. Algunas marcas incluso amplían este soporte hasta los siete años, lo que aporta una gran tranquilidad a largo plazo.

En cuanto al sistema operativo en sí, no se trata de decidir si es mejor Android o iOS. Lo realmente importante, es no cambiar sin necesidad. Si una persona ha usado siempre Android, no es recomendable que pase a iPhone en los últimos años de su vida solo por sugerencia de un familiar: el cambio puede suponer dolores de cabeza innecesarios. Y lo mismo ocurre al revés. Si alguien ha utilizado un iPhone durante los últimos 10 o 15 años, lo más sensato es que continúe con el mismo sistema para que todo le sea más familiar y cómodo.

Para terminar, y sin hablar de modelos concretos, merece la pena mencionar el precio. Si buscamos un teléfono que nos dure al menos 4 o 5 años, lo razonable es realizar una inversión de entre 250 y 350 euros. Este rango de precio suele garantizar una gama equilibrada, con buena batería, una pantalla adecuada, un procesador competente y suficientes años de actualizaciones para que el teléfono envejezca sin problemas.

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