Despedir en residencias por no vacunarse

Desde que nos empezó a golpear el coronaviros, han aparecidon negacionistas de diferentes pelajes que aducen la “pretendida existencia” de la pandemia de Covid-19 a una especie de complot internacional (versión postmoderna del contuvernio judeo-masónico) en el que, según quien sea el conspiranoico, están metidos, gobiernos, millonarios o empresas farmacéuticas, incluso de comunicaciones.

Negacionistas y Covid-19

No me consta que la moda negacionista haya hecho que algún trabajador de residencia se haya negado a hacerse una PCR o prueba serológica de las que están recogidas en los planes estratégicos de las comunidades autónomas o en los de contingencia de cada residencia.

Ahora, con la llegada de la vacuna la cosa es diferente. Las residencias tienen que empezar a vacunar ya a residentes y empleados. Vivimos un momento histórico en el que la cooperación internacional ha permitido que en un tiempo récord dispongamos de tres vacunas que, gracias a decenas de equipos científicios y decenas de miles de voluntarios que participaron en los ensayos, han demostrado poder servir para frenar la pandemia. Y ahora nos encontramos que un posible obstáculo a la vacunación es que, sencillamente, hay quien no quiera vacunarse.

Aspecto jurídico

El aspecto jurídico podría quedar resuelto de forma definitiva en pocos días con un acuerdo entre los dos partidos mayoritarios (mejor que fuese un acuerdo unánime del parlamento de que se descolgasen los partidos antisistema).

Dejando eso de lado, lo que debería quedar clarísimo ya mismo es que, en una situación de alarma como la que estamos viviendo y teniendo en cuenta que el lugar donde se concentra el riesgo letal de la enfermedad es el de las residencias de mayores. Vacunar a los residentes y trabajadores de las mismas es totalmente prioritario.

Eso quiere decir que quien trabaje en una residencia y no acepte vacunarse está haciendo algo equivalente a negarse a hacerse un PCR, lavarse las manos, usar mascarilla o tomarse la temperatura. Acepto que ponerse una vacuna comporta un riesgo ya que siempre hay un porcentaje, aunque muy bajo, que puede sufrir efectos adversos. Pero no hablamos de una situación normal. Quien ha trabajado y trabaja en una residencia en estos tiempos ha vivido un riesgo de contagio en su actividad diaria. Un riesgo que podía dejar de afrontar dejando el trabajo.

Sinceramente creo que todo el personal de las residencias debería aceptar y estar contentos de poder vacunarse de los primeros. También creo que en los próximos meses la vacunación debiera situarse como un requisito para poder trabajar en residencias. Preveo que el carnet de vacunación también se acabe exigiendo a los visitantes o a cualquiera que ponga un pie en una residencia, en un avión o en cualquier otro lugar donde la posibilidad de contagio sea importante.

He empezado a escribir este post porque alguien me ha preguntado ¿Se puede despedir a un trabajador de atención directa de una residencia de mayores que se niegue a vacunarse?

La respuesta, yo creo que sí se puede, sencillamente porque su decisión le incapacita voluntariamente para el trabajo. Otra cosa será que los juzgados de lo social piensen lo mismo.

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