El otoño, época de cambios para las personas mayores

Para muchos, desde 2020 hemos vivido una época de cambios. Estamos afrontando una circunstancia sanitaria excepcional en la que por segunda vez, nos enfrentamos de nuevo al otoño. Sin embargo, las circunstancias son mucho mas favorables que en año pasado, gracias a la vacunación de las personas mayores, en su práctica totalidad con las dos dosis y ya iniciada la campaña de la tercera, y al alto porcentaje de vacunación de la población en general que hace que la protección de todos aumente.

Sin embargo, tras la relajación que supone el verano y la perspectiva de que no hay que bajar la guardia ante la llegada del frío, puede hacer que nos planteemos una menor actividad que en años anteriores. Para las personas mayores, la consigna debe ser no asumir riesgo innecesarios, pero tampoco dejarse llevar por la apatía que las menos horas de sol y el la bajada de temperatura puede propiciar. Al contrario, este otoño, con la apertura gradual de los centros de ocio, de estudios y deportivo, debe ser un estímulo para retomar las costumbres y relaciones.

Es normal que los cambios en el entorno, sobre todo el acortamiento de los días, agrave la sensación de melancolía y pérdida. Sin embargo, debemos aprovechar esta época para que las personas mayores den paseos en las horas de sol, disfruten de los colores de las hojas y de los cambios que ayudan con el ánimo, como la vuelta de guisos y platos calientes de legumbres y las reuniones al con un café o una taza de chocolate.

El otoño es propicio para que las personas mayores se vean más afectadas por la soledad no deseada y se agraven problemas como depresión. Para combatir estados anímicos negativos es necesario fomentar actividades y, aunque cueste, procurar que las rutinas de salir de paseo o de actividades se mantengan, a pesar de la pereza que dé el frío, pues un estado anímico bajo puede agravar enfermedades crónicas y patologías como el alzhéimer u otro tipo de deterioro cognitivo.

Es el momento también de retomar actividades imprescindibles para un envejecimiento activo y saludable como juego de mesa y, por supuesto, la lectura. Es en otoño cuando se retoman las abundantes aulas para la tercera edad que organizan ayuntamientos y universidades, una actividad estimulante que reúne todas las ventajas de socialización, aprendizaje y ocio. También en los centros de mayores, el comienzo del curso es el inicio de multitud de actividades para todos los gustos y necesidades. Los cursos suelen tener una amplia oferta para todos los gustos, ayudan a combatir la soledad, crean una rutina y obligan a hacer cosas fuera de casa. Es un buen momento para explorar oportunidades y decidirse por actividades nuevas. Cambiar las clases de pilates por baile, apuntarse por primera vez a un coro o aprender a tejer. Nunca es tarde si hay ganas.

Practicar ejercicio físico adecuado a las posibilidades de cada persona es también una medida eficaz para preparase para el invierno. El mejor propósito es aprovechar el inicio del curso para apuntarse a un gimnasio o a las actividades deportivas y de mantenimiento de los centros de la tercera edad y, si no se puede, no perdonar el paseo diario. Es muy importante mantener un nivel de fuerza y de masa muscular óptimo para evitar caídas que provocan fracturas.

El sedentarismo que propicia la llegada del frío supone un factor de riesgo cardiovascular. Unir ejercicio físico y ocio, por ejemplo apuntándose a rutas de senderismo, actividades como excursiones para recoger setas… es una excelente manera de enfrentarse al otoño y el invierno disfrutando. En otoño se inician los viajes que se organizan desde distintas administraciones y entidades.

El otoño es época de cambios para las personas mayores aunque también se pueden recuperar rutinas como la vuelta al centro de día. Esta circunstancia permite una vuelta a rutinas que resultan saludables y también son una oportunidad de relaciones, además de realizar actividades adecuadas a las necesidades de cada uno. También puede ser un buen momento para que las personas jubiladas aporten su tiempo y experiencia. Otoño puede ser una ocasión para implicarse en proyectos solidarios o iniciarse en tareas de voluntariado. Las personas mayores son un gran activo social que debe ser aprovechado y es el momento de apuntarse a tareas que supondrán una satisfacción personal y una oportunidad de relaciones y conocimientos con personas de distintas edades y con distintas circunstancias.

En cuanto a la alimentación, deben hacerse al menos cinco comidas diarias, no deben hacerse grandes cambio, pero sí ajustar las comidas a las apetencias que da el cambio de estación. Debemos aprovechar que estamos en época de tomates, arándanos, que empiezan los cítricos y que es el momento de empezar con potajes y legumbres.

En cuanto a la gripe, el otoño es propicio para otras enfermedades respiratorias y las personas mayores son especialmente vulnerables a ellas. Para evitar el contagio, las medidas básicas son las que hemos aprendido e interiorizado estos meses: lavarse las manos con frecuencia o cada vez que se considera necesario, taparse la boca y la nariz con un pañuelo de papel al estornudar o toser y desecharlo inmediatamente después, salir a la calle con una mascarilla, llevar mascarilla en sitios cerrados y cuando no se pueda guardar la distancia de seguridad, ventilar las habitaciones abriendo ventanas y no compartir vasos, cubiertos, toallas y otros objetos susceptibles de propiciar contagios.

El otoño, a parte de una época de cambios para las personas mayores puede ser una época de oportunidades y es la ocasión de preparar un invierno lleno de salud y de experiencias enriquecedora.

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